lunes 26 de enero de 2009

Eric Clapton, "Holy Mother"



En esta ocasión podemos disfrutar de algo más actual.

Se trata del genio de la guitarra, Eric Clapton, y la canción que dedica a la Madre Santa, o Madre Sagrada.

Podemos disfrutar un video de un dueto con Pavarotti aquí, y sentir las vibraciones en las palmas de nuestras manos:

http://www.youtube.com/watch?v=AmfIDQGVqQc

Una traducción aproximada de la letra, sería:

Madre Sagrada, ¿dónde estás?
esta noche me siento partido en dos,
he visto las estrellas caerse del cielo,
Santa Madre, no puedo evitar llorar.

Oh, necesito tu ayuda esta vez,
para pasar esta solitaria noche.
Dime por favor en que lugar girar,
para encontrarme nuevamente.

Santa Madre, escucha mi oración,
de alguna forma sé que estás allí todavía.
Por favor, dame algo de paz mental,
que se lleve este dolor.

No puedo esperar, no puedo esperar, no puedo esperar, por más tiempo.
No puedo esperar, no puedo esperar, no puedo esperar, por ti.

Santa Madre, escucha mi llanto,
he maldecido tu nombre cientos de veces.
Siento la ira corriendo por mi alma,
Santa Madre, no puedo mantener el control.

Oh, siento que el fin llegó,
mis pies no correrán más.
Tú sabes que preferiría estar
en tus brazos esta noche.

Cuando mis manos no toquen más,
ni mi voz permanezca, me desvaneceré.
Santa Madre, entonces estaré
acostado, a salvo en Tus Brazos.


El principio de la Madre Divina está en nuestro interior. Está representado por la Energía Primordial que yace en estado latente en el hueso sacro de todos los seres humanos, y puede sentirse fácilmente a través de la meditación de Sahaja Yoga. Aquí tienes una meditación guiada (audio) para facilitarte la experiencia: http://meditacion.sahajayoga.org.es/

San Juan de la Cruz






El más místico de los poetas, o el mayor poeta de los místicos españoles escribió numerosas obras de arte, pero aquí nos detendremos en una en concreto:






Coplas hechas sobre un éxtasis de harta contemplación.



Entreme donde no supe,
y quedeme no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Yo no supe donde estaba,
pero cuando allí me vi,
sin saber donde me estaba,
grandes cosas aprendí,
no diré lo que sentí,
que me quedé no sabiendo,
toda ciencia transcendiendo.

De paz y de piedad
era la ciencia perfecta,
en profunda soledad,
entendida, vía recta;
era cosa tan secreta,
que me quedé balbuciendo,
toda ciencia transcendiendo.

Estaba tan embebido,
tan absorto y ajenado,
que se quedó mi sentido
de todo sentir privado,
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.

El que allí llega de vero
de sí mismo desfallece;
cuanto sabía primero
mucho bajo le parece,
y Su ciencia tanto crece,
que se queda no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Cuanto más alto se sube,
tanto menos se entendía,
que es la tenebrosa nube
que a la noche esclarecía:
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo
toda ciencia trascendiendo.

Este saber no sabiendo
es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer;
que no llega a su saber
a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Y es de tan alta excelencia
aqueste sumo saber,
que no hay facultad ni ciencia
que la puedan emprender;
quien se supiere vencer
con un no saber sabiendo,
irá siempre trascendiendo.

Y, si lo queréis oír,
consiste esta suma ciencia
en un subido sentir
de la divina esencia;
es obre de su clemencia
hacer quedar no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.


El estado de conciencia que describe San Juan, es denominado en Sahaja Yoga como "Consciencia sin pensamientos", y es alcanzable a través del despertar de la energía Kundalini (o reflejo del aspecto femenino del Divino en nosotros) , durante las meditaciones profundas que se pueden llegar a alcanzar con la práctica regular de Sahaja Yoga.
Una peculiaridad de Sahaja Yoga es que la experiencia se potencia enormemente cuando se medita de forma colectiva, por lo que es recomendable asistir personalmente a uno de los muchos cursos gratuitos que se imparten por todo el mundo.
Si el deseo de evolución es honesto, sincero,y permanente, no hay experiencia inalcanzable, una vez se ha establecido la conexión con la Fuente.

Aquí tienes los datos de contacto de los cursos que se imparten en España: http://www.sahajayoga.es/cursos.html

¿Cómo podemos verificar realmente que todos estos seres humanos estuvieron conectados con el Divino? A través de la energía que emiten sus obras, o sus fotografías. Para ello necesitamos previamente estar conectados nosotros, obtener nuestra realización (http://www.sahajayoga.es/realizacion.html) , y después simplemente extender nuestras palmas y observar lo que sentimos cuando leemos sus obras o escuchamos su música.

RABINDRANATH TAGORE


RABINDRANATH TAGORE

NOTA BIOGRÁFICA

Nació en 1861 en Calcuta, capital de la India inglesa y corazón de la Bengala renaciente.
Compuso sus primeros versos a la edad de diez años. Apenas adolescente, empezó a publicar sus escritos en una revista literaria, y durante los sesenta años siguientes produjo una obra inmensa: poemas, cantos, óperas ballet, novelas, obras de teatro, novelas cortas y numerosos volúmenes de ensayos que abarcaban las principales áreas de la vida, y que le valieron en 1912 el Nobel de Literatura por su colección de poemas "Geetanjali".
En cuanto a su música, enseñada como un arte en sí, sigue cautivando y conmoviendo a los bengalíes de cualquier edad. El himno nacional de la India, así como el de Bangladesh, fueron elegidos entre sus cantos patrióticos.
Impulsado además, por un sentimiento de unidad universal profundamente arraigado en él, llegó a la conclusión de que sólo la unión entre Oriente y Occidente podría permitir a la humanidad dotar progresivamente de realidad a sus potencialidades. A partir de ese momento, en el curso de numerosos viajes alrededor del mundo, entregó a una larga cruzada por la unión entre los pueblos, en el mismo período en que tanto en Europa como en Asia nacían poderosos partidos nacionalistas.

Fue coetáneo, admirador y amigo de grandes almas realizadas como Gandhi, Einstein o Tolstoi,quienes denunciaron constantemente el caos y la pérdida de valores y deterioro humano en que estaba cayendo el ser humano, a la vez que a través de sus obras nos mostraban su esencia, y el potencial evolutivo del mismo.

Sin embargo, en este blog nos centraremos en una obra más desconocida suya, "Shantiniketan, la Morada de la Paz", recopilación de las charlas que daba a sus discípulos antes de la meditación matinal, en la escuela que él creo a las afueras de Calcula, y que lleva el mismo nombre que el libro.
Cada capítulo es realmente una meditación sobre diferentes aspectos de la vida, relacionándolos con lo eterno, con la Verdad Suprema, y estableciendo lazos y conexiones entre lo más cotidiano y terrenal, y lo más elevado.

"En verdad todos los deseos y todas las aspiraciones humanas pueden ser colmados en el santuario oculto ubicado en el centro del ser, donde el Señor aguarda y donde conocerle supone una gracia accesible, puesto que es Él mismo quien se nos ofrece.
No obstante, repitámoslo, nunca le encontraremos en el exterior, ya sea escudriñando la naturaleza o multiplicando los descubrimientos científicos. Sólo podemos percibir su presencia en lo más recóndito de nuestros corazones. Allí el Amigo eterno aspira a entregarse. Allí radica su felicidad, su amor, y si existe algún obstáculo, éste procede de nosotros, no de Él.
Vivir el amor divino en nuestro interior constituye, sin duda alguna, el supremos logro. Y en este terreno, sentirse colmado no entraña un debilitamiento del impulso vital, como ocurre con demasiada frecuencia en el plano material. Si bien las energías terrenales pueden degenerar, la fuerza del amor, por su parte, no se degrada. Desde el momento en que despierta en los entresijos del alma, se manifiesta de manera cada vez más potente en la conciencia y en el cuerpo.
En su amor, Dios se entrega a nosotros, mas semejante oblación de sí mismo no menoscaba en nada su naturaleza, pues darse constituye su alegría. Si se lleva a cabo la unión entre Él y nosotros, Dios asegura su constante renovación mediante el caudal incesante de su felicidad. Por su parte, el ser humano, cuando su corazón empieza a manifestarse el amor verdadero, entre en una plenitud que ya no habrá de desdecirse. A este respecto se afirma en los Upanishads que si vivimos interiormente el amor divino y la alegría divina, ignoraremos por siempre jamás el miedo. Así pues, el hombre está en condiciones de acceder a una forma de realización que posee un carácter de eternidad. (...)

En este mundo donde tú eres rey, tu poder carece de límites.
También de nuestros corazónes, que quieres sólo para ti,
tú eres el Señor,
y la inmensidad de tu cielo de luz
se extiende bajo tus pasos.
Las muchedumbres angustiadas, al no conocer más que tu ley,
apartan la mirada.
Sin embargo, aquellos que te aman albergan,
en la soledad de su alma,
una imagen de ti toda ella de gracia y amor,
y por su venas corre la miel de tu compasión.
Ellos, los pobres de espíritu, se han librado del miedo.


¿QUIERES LIBRARTE DEL MIEDO?
¿QUIERES SENTIR LA ETERNIDAD EN TU CORAZÓN?

Sahaja Yoga te proporciona la conexión con tu Ser desde el primer día, de forma sencilla y gratuita. Invierte el método tradicional de necesitar purificarse previamente y huir a la naturaleza para alcanzar la paz. Primero obtienes la luz interior, el conocimiento empírico sobre el estado de tus centros y canales de energía, y a partir de ahí, y de una manera gozosa, puedes llevar a cabo tu ascenso y proceso de equilibrio interior.

Accede a un curso gratuito on line (o descárgatelo en PDF) en http://www.sahajayoga.es/curso_ol.html

jueves 15 de enero de 2009

Ahora es posible conectarse a través de Sahaja Yoga


Sahaja Yoga permite a toda aquella persona que lo desee con sinceridad, el despertar espontáneo de su Energía Interior Divina (Kundalini, en sánscrito)y la conexión con la Consciencia Colectiv, la Fuente de donde procede toda creatividad (el Inconsciente Colectivo, en términos de psicología transpersonal).

Esta experiencia llamada Realización del Ser, marca el comienzo de una transformación interior auténtica que progresivamente nos permite llevar una vida mucho más equilibrada, saludable y llena de alegría interior. Éste es el proceso que alcanzaron los seres humanos sobre los que se escribe en este blog (algunos de ellos nacieron con esta conexión debido a su proceso evolutivo en vidas anteriores), y que les permitió tener acceso a una creatividad "iluminada", cuyas obras ayudan en la evolución de las personas que las disfrutan, emitiendo una energía que estimula el despertar de la nuestra.

Esta vivencia está disponible ahora para todas aquellas personas que lo deseen ( de forma gratuita) gracias a la profunda experiencia que tuvo Shri Mataji Nirmala Devi (fundadora de Sahaja Yoga) en 1970 y que le permitió descubrir un método sencillo y válido para toda la humanidad. Pero Shri Mataji también insiste en que este método funciona tan bien porque los buscadores de la verdad están preparados en la actualidad para ello, y que éstos son tiempos muy especiales en los que el ser humano puede volver a florecer conectándose con su Ser, y compartirlo de la misma forma que "una vela enciende otra vela".


Este proceso permite ir disolviendo las tendencias autodestructivas que pueden provenir de nuestra mente, y reorientar nuestra vida hacia los verdaderos deseos de nuestro Espíritu, fluyendo en armonía con el Gran Espíritu que habita en toda la Creación.

Tienes derecho a ello, todos hemos sido creados con este potencial.
¿quieres probarlo?
Haz click en http://www.sahajayoga.es/realizacion.html

Si deseas conocer más sobre Sahaja Yoga, no dudes en visitar los enlaces que se muestran a la izquierda, o mejor todavía, visitar cualquiera de los centros que hay alrededor del mundo (puedes acceder a ellos a través de www.sahajayoga.es)

jueves 20 de noviembre de 2008

C.S.LEWIS


BIOGRAFÍA
Clive Staples Lewis nació el 29 de noviembre de 1898 en los suburbios de Belfast (Irlanda del Norte). Sus padres, Albert y Flora, eran ávidos lectores y coleccionadores de libros. Clive –o “Jack”, como comenzó a llamarse a sí mismo, manifestó también desde temprana edad una extraordinaria facilidad para escribir, y cerca de los seis años creó un mundo imaginario sobre el que escribir historias.

Otra cosa notable en su infancia es que ya entonces daba muestras de la claridad y racionalidad que tanto le caracterizarían. Sin embargo, existía al mismo tiempo otro aspecto de su vida que contrastaba con esa mentalidad racional. Desde los seis años aproximadamente tuvo reiteradas experiencias de algo que no podía nombrar, pero que más tarde describiría en su autobiografía, Cautivado por la alegría (1955), como la “experiencia central” de su vida. Se trataba de una experiencia agridulce, de un “anhelo inconsolable” o de un “deseo insatisfecho”, que le resultaba “más deseable que ninguna otra satisfacción”. A veces se presentaba con una intensidad tal que apenas se diferenciaba de la congoja. Hasta que pudo comprenderlo mejor, creyó que esta “alegría”, como él la llamaba, constituía un fin en sí mismo. “Volver a sentirla” se convirtió para él en un deseo supremo. ¿Pero qué era lo que anhelaba? Siempre que volvía a los poemas, al paisaje o a cualquier otra cosa que hubiese actuado como mediación de aquella alegría, ésta se había desplazado y parecía estar llamándolo desde algún otro sitio. No había nada en que pudiese identificarla y decir: “Es esto”.

La infancia, que había sido tan feliz, terminó abruptamente con la muerte de su madre en 1908, teniendo él apenas nueve años. Al cumplir dieciséis años, su educador particular (y antiguo director de su padre) W.T. Kirkpatrick, afirmó de él que “era el traductor de teatro griego más brillante que jamás había conocido”. Leyendo a los autores paganos Jack se percató de que los eruditos consideraban a las mitologías antiguas como un puro error. Consecuentemente, él consideró también al cristianismo como otra “mitología”, tan falsa como las demás, y se hizo ateo. Entre tanto, había llegado a la conclusión de que la alegría no era un fin en sí mismo, sino un indicador de otra cosa. ¿Pero qué otra cosa? ¿Hacia dónde apuntaba la alegría? Así cometía una equivocación tras otra al tratar de identificar el objeto de su anhelo.

En 1925 fue nombrado Tutor y Profesor de Lengua y Literatura inglesa en el Magdalen College, en Oxford, donde enseñaría hasta 1954. J.R.R. Tolkien -autor, más tarde, de “El Señor de los Anillos”- fue uno de sus amigos en la universidad. Tolkien era católico y ayudó a Lewis a comprender que mientras las “historias paganas no eran más que la expresión de Dios a través de la mente de los poetas”, el mito cristiano era algo que “ocurrió realmente”, “una verdad convertida en hecho”. Ambos dedicarían mucha atención al tema del mito, pero la consecuencia más importante de esta amistad fue la conversión de Lewis al cristianismo en 1931. En su autobiografía, Lewis se autodescribe como el “converso más reacio de Inglaterra”, “con tantos deseos de formar parte de la iglesia como del zoológico”. Aceptó la fe por la clara y simple razón de creer en su verdad. Y con esta creencia en Dios se disipó por fin el viejo misterio de la alegría. Lewis comprendió que la alegría había apuntado siempre hacia Dios. Durante un tiempo pensó que la alegría podía ser un sustituto del sexo. Ahora lo veía al revés: es el sexo lo que frecuentemente sustituye a la alegría.

Hasta aquel momento Lewis había sido un hombre con dotes literarias, pero sin nada que decir. Con su conversión todo lo que le había frenado desapareció, y los libros llovieron de su pluma. Con todo, es su faceta de apologista cristiano la que le proporcionó mayor fama.
Su habilidad para expresar las verdades del cristianismo con naturalidad le hace único como apologista, tanto en las obras de ficción como en las estrictamente apologéticas. Un ejemplo temprano de ello es la primera de las tres novelas de su Trilogía de Ransom, Más allá del Planeta Silencioso (1938). En ella se narra un viaje a Malacandra (Marte), y a través de esta aventura Lewis construye un mito sobre las acciones de Dios en aquel planeta. La acusada originalidad de sus relatos reside en sus “suposiciones” teológicas: “¿Y si en Marte hubiera habitantes que hubiesen caído?”, “¿Qué ocurriría si Cristo se encarnara en un león en una tierra de animales parlantes?”. En el primero de estos “libros teológicos de aventuras”, Edwin Ransom, un filólogo cristiano, es secuestrado y conducido a Malacandra en una nave espacial por un científico, el Dr. Weston. Éste cree equivocadamente que sus habitantes practican sacrificios humanos. Ransom aprende pronto el “antiguo solar”, lenguaje que se hablaba antes del Pecado Original, y descubre que, a diferencia del nuestro, este planeta nunca pecó, ni necesitó la Encarnación. Maleldil –para nosotros, Dios- rige el planeta mediante un arcángel. Lewis logra describirnos el ambiente como si se tratara de un lugar real, pero su mayor logro es imaginar una raza de criaturas racionales sin mácula, sin avaricia, y sin saber qué significa desear algo por encima de lo que Dios está deseando y ofreciendo a cada uno.

El segundo libro de la trilogía se titula Perelandra (1943). Ransom realiza otro nuevo viaje espacial a Perelandra, que conocemos como Venus. Perelandra se halla aún en su infancia, y sus “Adán” y “Eva” –Tor y Tinidril- son todavía perfectos. El Dr. Weston, el científico que había llevado a Ransom a Malacandra, aparece aquí de nuevo. Pronto se comprende que Weston (portavoz del infierno) tiene la intención de provocar que la perelandresa “Eva” desobedezca a Maleldil y experimente así una caída similar a nuestra Eva. Ransom se da cuenta de que su misión allí es ayudara a Tinidril a resistir. A este libro le sigue una tercera novela de aventuras, Esa horrible fortaleza (1945), ambientada en la Tierra. Los relatos pueden resultar por sí mismos entretenidos como relatos de aventuras de primera línea, más la ventaja adicional es que en estas fantasías la teología se halla de tal forma imbricada que muchos lectores terminan sumergiéndose en Dios sin saberlo.

Otra forma ingeniosa en que Lewis logró superar muchos prejuicios contra la espiritualidad fue su agudo libro Cartas del diablo a su sobrino (1942). En ella un viejo demonio, Screwtape, instruye a otro más joven, Wormwood, sobre el modo de tentar a un muchacho en la Tierra. Para Screwtape, Dios es “el Enemigo”, mientras que Satán, por lo mismo, es “nuestro Padre allá abajo”. Esta inversión de las cosas supuso para Lewis un trabajo “monótono e irritante”. No obstante, para el lector es a la vez divertido e instructivo ver sus debilidades desde un ángulo tan desacostumbrado. Por ejemplo, al escribir sobre la humildad, Screwtape le dice a Wormwood: “Al sujeto debes ocultarle el verdadero fin de la humildad. Hazle pensar en ella no como en el olvido de sí mismo, sino como en una cierta forma de opinión (a saber, una opinión desfavorable) sobre sus propios talentos y carácter… Por este método se ha logrado que miles de humanos piensen que la humildad consiste en que las mujeres bonitas crean que son feas y los hombres inteligentes crean que son tontos. Como es posible que en algunos casos lo que intentan creer sea un solemne tontería, entonces admitirlo les resulta inconcebible y nosotros conseguimos que sus mentes giren sin cesar sobre sí mismos en un empeño vano”.

Quizá la mayor ventaja al emplear este ángulo de visión sea la luz que se proyecta sobre Dios. Hablando de nuevo sobre la humildad, Screwtape dice:
“el Enemigo quiere conducir al hombre a un estado de ánimo en el que diseñe la mejor catedral del mundo, sabiendo que es la mejor y regocijándose por el hecho, pero sin que su alegría por haberla construido resulta mayor ( o menor), o diferente de la que habría sentido si el constructor hubiera sido otro hombre. El Enemigo quiere al hombre tan libre de cualquier inclinación a su favor, que pueda regocijarse de sus propios talentos con la misma sinceridad y gratitud con que se regocija de los de su vecino –o por la alegría de ver un amanecer, un elefante o una cascada”. En un libro con un agudo sentido del humor y un profundo conocimiento sutil sobre los vericuetos mentales.

Más adelante escribiría Cristianismo Esencial, una de sus obras más conocidas, en la que expresa un punto de vista interesante respecto a los deseos:
“El cristiano dice: “las criaturas no habrían nacido con deseos, a menos que la satisfacción para estos deseos existiese. Un bebé tiene hambre porque existe la comida. Un patito quiere nadar; pues bien, existe una cosa que es el agua. De la misma manera que los hombres sienten deseo sexual porque existe el sexo. Si yo descubro en mí un deseo que ninguna experiencia de este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que yo no pertenezca a este mundo. Si ninguno de mis placeres terrenales lo satisface, no significa que el universo sea un fraude. Probablemente los placeres terrenales no hayan tenido nunca la función de satisfacerlo, sino sólo de despertarlo, de sugerir su verdadero fin. Si esto es así, debo cuidar, por una parte, de no ser ingrato ni despreciar nunca estas bendiciones terrenales, y, por la otra, de no confundirlas jamás con aquella otra cosa de la cual éstas son sólo una copia, un eco o un espejismo. Debo mantener vivo en mí mismo el deseo por mí verdadero país, es que no encontraré hasta después de mi muerte; nunca debo permitir que quede sepultado o desplazado; debo hacer que el principal objetivo de la vida se convierta en hacer presente ese otro destino y en ayudar a los otros a que hagan lo mismo”.

Durante los años de la II Guerra Mundial, además de las emisiones para la BBC, la Fuerza Aérea Real lo reclutó para que recorriera todas las bases del país impartiendo charlas sobre teología. Recibía cartas de todas las partes del mundo, y solía responder a todas de su puño y letra. Nunca sabremos cómo se las arregló para poder hacerlo. Un detalle más de su vida que merece la pena ser mencionado y que sólo se supo después de su muerte, es que desde que obtuvo los primeros ingresos por sus escritos, dos tercios de sus derechos se destinaban a una institución benéfica que ayudaba a viudas y huérfanos que vivían en un estado deplorable.

Hacia el final de su vida, escribió las conocidas Crónicas de Narnia. En la primera, El león, la bruja y el armario, Lewis introduce a sus lectores en el país imaginario de Narnia. Es ante todo un mundo animales parlantes y está gobernado por un rey león llamado Aslan. Es un león de gran sabiduría, severidad y ternura, el más querido de todos los personajes de estos libros. Al explicar lo que había detrás de esta trama, Lewis dijo que era la respuesta a esta cuestión: “Suponed que hubiese un mundo como Narnia y que tuviese necesidad de ser salvado, y que el Hijo de Dios fuese a redimirlo, del modo que vino a redimir el nuestro, ¿cómo podría haber ocurrido todo en aquél mundo?” Algunos lectores reconocen instantáneamente a Cristo en Aslan, y según parece esto les ayuda a amar en Cristo lo que aman en Aslan. Parece que los niños que no logran ver la relación desde el principio obtienen el mismo provecho. De una manera completamente libre e imparcial, podrán descubrir un buen día que las cosas que les gustan y que admiran en Aslan son en realidad propias de Cristo. Ciertamente Lewis esperaba que se estableciera esta relación.

Cuando todos los cuentos estuvieron a la venta, Lewis explicó el motivo que le había empujado a escribirlos. “Creí comprender que las historias de este tipo podían acabar con ciertos prejuicios que habían paralizado en mi infancia la vida religiosa.” “¿Por qué era tan difícil tener hacia Dios y hacia la Pasión de Cristo los sentimientos que nos enseñaban? Pensé que la razón principal de esa dificultad es que tales sentimientos se nos imponían como una obligación. Y la obligación puede congelar los sentimientos… Si lográsemos proyectar todas estas enseñanzas en un mundo imaginario, sin verlas a través de un vidrio coloreado y sin asociarlas con la predicación dominical ¿podríamos entonces lograr que apareciera por primera vez con toda su fuerza? ¿Acaso no sería éste el modo de vencer aquellos prejuicios que acechan como atentos dragones? Pensé que sí”.

Hacía 1954 Lewis conoció a la poeta americana Joy Davidman Gresham, que entonces estaba divorciada y vivía con sus dos hijos en Oxford. En 1956, cuando empezaron a estrechar su amistad, a Joy se le diagnosticó un cáncer muy avanzado y grave. Un pastor protestante anglicano los casó en el hospital al año siguiente. Inesperadamente, Joy se repuso y ella y Lewis vivieron juntos varios años de gran felicidad, producto de los cuáles es el libro Los cuatro amores (1960). En 1963 Lewis sufrió un ataque al corazón y estuvo en coma durante veinticuatro horas. Una vez recobrado, pasó los pocos meses que le quedaban escribiendo a unos viejos amigos. “Después de haber sido conducido tan suavemente hasta la Puerta, resulta duro ver que se cierra ante las propias narices, sabiendo que habré de pasar otra vez por el mismo proceso algún día, ¡y quizás de una forma mucho menos placentera! ¡Pobre Lázaro! Pero Dios sabe lo que hace.” Lewis murió pacíficamente en su casa, en Oxford, el 22 de noviembre de 1963. Pocos hombres estuvieron tan bien preparados.


EL GRAN DIVORCIO (UN SUEÑO)

Una de las obras maestras de C.S. Lewis, es sin duda, El Gran Divorcio (un Sueño). El propio título fue escogido como respuesta a la obra de William Blake El Matrimonio del Cielo y el Infierno. En su Prefacio, Lewis comenta los constantes intentos de casar el cielo con el infierno. Esta idea, según dice, “se basa en la creencia de que la realidad nunca nos enfrenta a una alternativa absolutamente inevitable del tipo “o esto o lo otro”.; con habilidad y paciencia, y (sobre todo) con tiempo suficiente, siempre puede encontrarse algún modo de abrazar ambas alternativas; el mero desarrollo de las situaciones, su ajuste o su depuración transformará de algún modo el mal en bien sin que se nos exija al final un rechazo total de algo a lo que no quisiéramos renunciar. Para mí esta creencia es un terrible error”.

Lewis le da a su relato la forma de un sueño en el que a un grupo de hombres y mujeres que están en el infierno se les concede permiso para hacer un viaje hasta las cercanías del cielo. Lewis se incluye en este grupo, y en el momento en que se enfrentan cara a cara con la realidad del cielo se dan cuenta de lo insustanciales que son. Frente a los árboles y la hierba dura como el diamante del cielo, los condenados parecen “manchas hominiformes en la brillantez del aire”. Algunos de los bienaventurados que han conocido en la Tierra salen a su encuentro. Están allí para urgir a los espíritus condenados a que se queden, y les prometen que a su debido tiempo “se harán más fuertes” y podrán soportarlo. Lewis oye sin querer una serie de conversaciones entre los condenados y los bienaventurados, que no dejan duda de que los condenados eligen realmente el infierno antes que el cielo, de que cada uno de ellos se ha fabricado su propia prisión y ha echado el cerrojo de la puerta por dentro. Su guía le dice: “En última instancia, sólo hay dos clases de personas: las que le dicen a Dios: “hágase Tu Voluntad””, y aquellas a quienes Dios dice, en el último instante: “hágase tu voluntad”. Todos los que están en el infierno lo han decidido así. Sin esta autoelección no podría existir el infierno. Ningún alma que desee la felicidad seria y constantemente la perderá”.

Hacia el final de la obra, Lewis describe una escena en la que hay una veneración hacia una figura femenina que transforma espiritualmente todo aquello que se le aproxima. Cualidades semejantes a las que se atribuyen al Espíritu Santo en la cultura occidental, o a la Kundalini en la cultura india. La escena es la siguiente:

“A lo largo de un prolongado sendero del bosque, la parte baja de las ramas frondosas había comenzado a trepidar de luz danzarina. Yo no conocía en la tierra nada capaz de producir este fenómeno, que parecía una luz reflejada proyectada hacia arriba por la movilidad del agua. Momentos después me di cuenta de mi error. A nosotros se aproximaba una especie de procesión y la luz procedía de las personas que la formaban.

En primer lugar venían Espíritus luminosos –no Fantasmas de hombres- que bailaban y esparcían flores. Eran flores que caían sin hacer ruido y se apilaban delicadamente, aunque, medidas con el patrón del mundo fantasmal, cada uno de sus pétalos podría haber pesado cien veces su peso y su caída podría haber sido semejante al estruendo producido por la caída de una gran roca. Detrás, a derecha e izquierda, a cada uno de los lados de la avenida del bosque, venían figuras juveniles, en un lado muchachos y en el otro muchachas. Si pudiera recordar sus cantos y poner por escrito sus notas, nadie que leyera la partitura se pondría enfermo o envejecería. Entre ellos iban los músicos y, detrás, una dama, en cuyo honor se hacía la procesión. (…)

-¿Quién es esa gente gigantesca?... ¡Mire! Parecen esmeraldas…que bailan y echan flores delante de ella.

-¿No habéis leído a Milton? Cien ángeles con librea la sirven.

-¿Quiénes son los muchachos y muchachas que van a ambos lados?

-Son sus hijos e hijas.

-Debe de haber tenido una numerosa familia, señor.

-Cualquier joven, hombre o mujer, que se topara con ella se convertía en hijo suyo, incluso si se trataba del muchacho que llevaba la carne a su casa por la puerta trasera. Toda muchacha que se encontraba con ella se convertía en su hija.

-¿No es muy duro eso para los padres verdaderos?

-No. Hay, en efecto, quien roba hijos a otras personas. Pero su maternidad era de un tipo diferente. Aquellos que eran acogidos bajo su maternidad regresaban queriendo mucho más a sus verdaderos padres. Pocos hombres la contemplaban que no se convirtieran, de un modo especial, en amantes suyos. Pero se trataba de ese tipo de amor que no hacía de ellos maridos infieles con sus verdaderas mujeres, sino esposos más fieles.

-¿Y cómo?..., pero ¡mire! ¿Qué son todos esos animales? Un gato, dos gatos, docenas de gatos. Y esos perros…¡Toma! ¡No los puedo contar! Y también hay pájaros. Y caballos.

-Son sus animales.

-¿Es que mantiene una especie de zoo? Me parece que esto es algo excesivo.

-Cualquier bestia, cualquier pájaro que se acerque a ella tiene un lugar en su amor. A su lado llegan a ser ellos mismos. La abundancia de vida que ella tiene en Cristo, recibida del Padre, rebosa y los inunda.

Miré a mi maestro con asombro.

-Sí –dijo él-. Ocurre igual que cuando arrojamos una piedra a un estanque: que las olas concéntricas se expanden más y más. ¿Quién sabe dónde terminarán? La humanidad redimida es joven todavía, apenas ha alcanzado toda su fortaleza. Pero ya, incluso, hay suficiente gozo en el dedo meñique de un gran santo, como lo es aquella mujer, para despertar todas las cosas del universo que están muertas y llevarlas a la vida”.[1]


Otra escena digna de mención es aquella en la que un “Fantasma” de los que ha llegado del infierno, pregunta a su mentor sobre el juicio final, el cielo y el infierno:

-“Pero no lo entiendo. ¿El juicio no es final? ¿Hay, realmente una salida del infierno hacia el cielo?

-Depende de cómo uséis las palabras. Si lo dejan atrás, ese pueblo gris no habrá sido el infierno. Para todo el que lo deja, el pueblo gris es el purgatorio. Y tal vez os valdría más no llamar cielo a este país. Podéis llamarlo Valle de la Sombra de la Vida. Sin embargo, para los que se queden aquí habrá sido el cielo desde el principio. Y a las calles tristes de ese pueblo, podéis llamarlas Valle de la Sombra de la Muerte. Pero para aquellos que se queden allí habrá sido el infierno desde el comienzo.

Supongo que se daría cuenta de que yo parecía perplejo, pues al poco rato comenzó a hablar de nuevo.

-Hijo, en vuestro estado actual no podéis entender la eternidad. Cuando Anodos se asomó a la puerta de lo intemporal volvió sin ninguna noticia. Pero vos podéis obtener alguna imagen de lo infinito si decís que el bien y el mal, cuando se han desarrollado hasta el extremo, se vuelven retrospectivos. No sólo este valle, sino también todo su pasado terrenal, habrá sido cielo para los que se salvan. No sólo el crepúsculo de este pueblo , sino también su vida entera sobre la tierra, les parecerá a los condenados el infierno. Eso es lo que los mortales no entienden. Ellos hablan de sufrimiento temporal; dicen que “ninguna bienaventuranza futura les compensa de ese dolor”, ni siquiera saber que el cielo, una vez que se ha alcanzado, obra hacia atrás convirtiendo en gloria hasta la agonía. De algunos deseos pecaminosos dicen: “déjame que disfrute de esto y aceptaré las consecuencias”, sin imaginar siquiera hasta qué punto la condenación se propagará más y más a su pasado y contaminará el placer del pecado. Ambos procesos comienzan incluso antes de la muerte. El pasado del hombre bueno comienza a cambiar, de manera que los pecados perdonados y los pesares recordados se tiñen de la tonalidad del cielo. El pasado del hombre malo se contamina también con su maldad y se llena de tristeza. Esa es la razón por la que, al final de todo, cuando aquí salga el sol y el crepúsculo se convierta en oscuridad allá abajo, el bienaventurado dirá: “Nunca hemos vivido en otro sitio distinto del cielo”, y el condenado dirá: “Hemos vivido siempre en el infierno”. Y los dos dirán la verdad.

-¿No es eso muy duro, señor?

-Quiero decir que ese es el verdadero sentido de lo que dirán. En el lenguaje de los condenados, las palabras serán diferentes, sin duda. Uno dirá que sirvió siempre, acertada o equivocadamente, a su país. Otro que lo sacrificó todo por el arte. Unos que nunca fueron comprendidos, otro que, gracias a Dios, se habían ocupado siempre de cuidar al Número Uno. Y casi todos dirán que al menos han sido fieles a sí mismos.

-¿Y los salvados?

-Ah, los salvados…, lo que le ocurre al que se salva queda mejor descrito como lo opuesto de un espejismo. Lo que le parecía, al entrar en él, un valle de lágrimas, cuando mira hacia atrás, resulta que fue un manantial. Y donde la experiencia del momento veía sólo desiertos salobres, la memoria le recordará que eran vergeles.

-¿Tienen razón, entonces, los que dicen que el cielo y el infierno son sólo estados de la mente?

-¡Callad! –dijo severamente-. No blasfeméis. El infierno es un estado de la mente; no habéis dicho nunca una palabra más cierta. Y todo estado de la mente dejado a sí mismo, toda clausura de la criatura dentro de su propia mente es, a la larga, infierno. Pero el cielo no es un estado de la mente. El cielo es la realidad misma. Todo lo que es completamente real es celestial. Todo lo que se puede descomponer se descompondrá. Sólo permanecerá lo incorruptible.

(…) La elección de las almas perdidas se puede expresar con estas palabras: “Mejor reinar en el infierno que servir en el cielo”. Hay algo que insisten en mantener incluso al precio del sufrimiento. Hay algo que prefieren a la alegría, es decir, a la realidad. Vos podéis ver algo parecido en el niño mimado, que prefiere no jugar ni cenar a decir que se arrepiente y a reconciliarse con sus amigos. Vos llamáis a eso mal genio”.[2]

El párrafo anterior sobre la “retroactividad” del cielo o el infierno podría resultar familiar a los sahaja yoguis, (personas que llevan un tiempo practicando la meditación de Sahaja Yoga) si lo extrapolamos al estado que en ocasiones podemos alcanzar (tras un Puja o alguna buena experiencia de meditación), en que nuestro Sahasrara (séptimo chakra o centro energético) se abre, nuestra conciencia se eleva y parece que “siempre hemos estado ahí, en ese gozo” incluso mirando hacia nuestro pasado, o a días cercanos que pudieron ser muy oscuros en su momento. Es casi imposible ponerse triste, pensar o intentar sufrir en ese estado. Igualmente pero al revés, sucede cuando nos desconectamos y nuestra conciencia se oscurece, y deseamos recordar o revivir experiencias luminosas…parece tarea imposible.

Más adelante, el mal, el autor aprovecha otra conversación para hablar con claridad sobre el bien y el mal:

“El infierno entero es más pequeño que un guijarro de vuestro mundo terrenal, y más pequeño que un átomo de este mundo, el Mundo Verdadero. Mirad aquella mariposa. Si se tragara el infierno entero, no le haría ningún daño, ni le sabría a nada; tan pequeño es.

-Pero cuando uno está en él, parece bastante grande, señor.

-Sin embargo, todas las tristezas de la soledad, iras, odios, envidias y soberbias, concentradas en una sola experiencia y puestas en un platillo de la balanza, contra el más pequeño momento de alegría sentido por el último en el cielo, no tienen ningún peso que pueda medirse. El mal nunca logra ser tan malo como bueno es el bien. Si todas las miserias del infierno entraran en la consciencia de aquel pájaro pequeñito de color amarillo que está posado en aquel arbusto de allí, desaparecerían sin dejar rastro, como arrojáramos una gota de tinta en el Gran Océano, comparado con el cual el Océano Pacífico de la tierra es sólo una molécula”[3].


En definitiva, Lewis desnuda la pesadez y densidad de la mente, sus condicionamientos y su mundo de mentira y artificial, utilizando los ojos de un niño, la visión de criaturas fantásticas o animales parlanchines que simplemente “no entienden o no encajan” en ese universo de telas de araña tejido por los humanos. En otras ocasiones recurre a civilizaciones imaginarias de planetas lejanos para mostrar el potencial evolutivo de la humanidad, y al mismo tiempo desenmascarar todos los mitos creados y toda la desviación de su camino que ha sufrido la raza humana. Pero también puede recurrir a un sueño sobre el Cielo o Paraíso, donde grandes almas anteriormente habitantes de la tierra han pasado a un estado “luminoso” para desmontar todos los andamios mentales que cierran las puertas a la Eternidad de los buscadores que han sido invitados para quedarse. Éstos dudan o regresan al mundo “muerto” a pesar de que sus maestros o mentores (ya en estado “iluminado”) les explican (más bien les llevan a una conciencia) que todo aquello fue un sueño muerto y falso, si ellos expresan verdadero deseo de salvarse.



BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
El Gran Divorcio
Cartas del Diablo a su sobrino
El Diablo propone un brindis
Trilogía de Ransom (Más allá del Planeta Silencioso; Perelandra, un viaje a Venus; Esa horrible fortaleza)
Mientras no tengamos rostro
El problema del dolor
Crónicas de Narnia (siete relatos)

En Internet:
http://www.cslewis.org/
www.booksfactory.com/writers/cslewis_es.htm